Escribir sobre los rincones de casa
que me hacen sentir en casa.
Hay un balcón,
en medio de toda esta plaza
hay un balcón.
Florece el mundo,
grita el mundo,
calienta el mundo,
llueve el mundo.
Cuánto cansancio.
Piernas, ojos,
cuerpos ensimismados,
tráfico, butecos
y gritos en las esquinas.
Allá lejos un predio de diez mil resplandores
que confronta al ángel cenizo,
un ángel cenizo,
rasgado de amanecer.
Cuántas visiones esta ventana,
cuántas presencias ha contenido,
cuánta soledad.
Atravesada por este fragmento
me siento lejos de cualquiera
en fiebre,
parida
contra la incontenible
posibilidad del no.
No hay comentarios:
Publicar un comentario