domingo, 15 de noviembre de 2020


Con la misma rabia

con que el deseo de la soga

 atraviesa los pliegues del laberinto,

 con esa misma rabia

 dibujo tornasolados movimientos continuos,

un devenir lagartija o serpiente,

nueva piel sin importancia.

El eco de esa metamorfosis

en nada sacude al bosque,

pero es un estruendo

que atraviesa todos mis ríos

 pulveriza, por un instante

a los fantasmas.

Rabia de vidas,

rabia de vulvas

y de intemperies marchitas

rabia eléctrica de la voz templada,

 rabia de montañas de las cosas absurdas

 apiladas en esa casa

 que se parece

a todos nuestros cuerpos,

 rabia para su incendio

rabia para mi incendio,

 para deshacer el nudo del ahorcado

 e invitar a la bocanada.

(se iluminó la madrugada)

 Silencio,

 que mi tierra

ha parido un arbusto luminoso y desimportante,

 deselegante y sin desamparo...

noventa minutos contra la muerte

 noventa minutos contra mi muerte

noventa minutos para mi muerte.

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