Con la misma rabia
con que el deseo de la soga
atraviesa los pliegues del laberinto,
con esa misma rabia
dibujo tornasolados movimientos continuos,
un devenir lagartija o serpiente,
nueva piel sin importancia.
El eco de esa metamorfosis
en nada sacude al bosque,
pero es un estruendo
que atraviesa todos mis ríos
pulveriza, por un instante
a los fantasmas.
Rabia de vidas,
rabia de vulvas
y de intemperies marchitas
rabia eléctrica de la voz templada,
rabia de montañas de las cosas absurdas
apiladas en esa casa
que se parece
a todos nuestros cuerpos,
rabia para su incendio
rabia para mi incendio,
para deshacer el nudo del ahorcado
e invitar a la bocanada.
(se iluminó la madrugada)
Silencio,
que mi tierra
ha parido un arbusto luminoso y desimportante,
deselegante y sin desamparo...
noventa minutos contra la muerte
noventa minutos contra mi muerte
noventa minutos para mi muerte.
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