Encontrar la nitidez
es uno de esos milagros
que hacen cantar a las cortinas
y recuperar la fe en las pistas absurdas
del estar viva:
como el sonido de un preludio justo a través de su ventana,
un billete olvidado a media acera,
aquel dolor de barriga,
esa tarde junto al río
o la lluvia justo al entrar al portal.
No tengo palabras prodigiosas,
soy la misma angustia sobre hueso y carne
que reteje, de a pocos
un deseo simple: el de desear.
En honor a la vida que fluye
en mis dedos cuando escribo
yo soy el mismo hilito de agua
que cae,
como si no debiera
desde la cornisa,
justo en medio de tus piernas.
Soy dos pasos y silencio,
mi sonrisa desnudando
tanta existencia y caminos
que olvidé o dejé, perdidos.
Y entonces goteo, canto y caigo
por el derecho a germinar
como si no pudiera
hacer otra cosa.
jueves, 3 de diciembre de 2020
NÍTIDA PROYECCIÓN DE UNA SOMBRA
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