miércoles, 11 de abril de 2012

TSASNÁ (Luz de luna)I

 

I

ENCUENTRO

Liubi tienes dos años y grandes  ojos verde  gris que todo lo interrogan.

Padre mexicano, madre búlgara, la conocí hace unos meses  y desde ese primer encuentro dirigió para mi  un torrente de sílabas, palabras inventadas en su propio e íntimo lenguaje pleno de miradas y troca de denotaciones, palabras torrente, agua fresca en todos los idiomas, en ningún idioma.

II

RITUALES

La primera vez que participé de sus rituales-juego y sus multiplicaciones infinitas fue a partir de la metamorfosis de los sofás de aquella sala moderna y confortable donde solemos encontrarnos. Liubi se acercó hasta donde yo estaba sentada  y señaló al lado contrario de la sala, donde se encontraba el otro asiento.

-Lá? (¿allá?)

Asentí y me tomó de la mano, corrimos hacia aquel objetivo como si de una isla en frente de nosotros se tratara, cruzando un mar de alfombra y mesa de madera. Llegamos a nuestro destino pero una vez que llegamos ya estábamos partiendo de nuevo.

-Lá?

Regresamos a nuestra orilla.

Este cruce de una isla para otra duró varios minutos, el tiempo pasa sin nosotras darnos cuenta.

Los rituales de Liubi dibujan caminos sinuosos y largos donde solo podría creerse, de primera vista, que hay cortas distancias entre espacios comunes de su hogar.

Uno de los lugares de la casa que más le gusta es una carpeta de colores donde sus juguetes, crayones,  instrumentos, sonajas, títeres y muñecos le esperan pacientemente. No tienen que esperar mucho, ella ya aprendió la palabra jugar y la convoca cada vez que precisa mudar de espacio.

Comienza un ritual: coloca un libro en cierta posición, inclinado, debe quedar así, entre la carpeta morada y la azul, sin pasar un espacio más. Sube al libro, que es grueso y contiene varios cuentos e imágenes, baja, camina hacia una de las esquinas de la carpeta da tres saltitos, avanza hacia otra esquina, pared de colores vivos que la recibe mientras ella recarga su cabeza, pega su cuerpo a la fresca pared  que colorea su rostro.

-Ven-  me dice.

 Toma mi mano, repetimos el rito. Llega al  borde de la carpeta, salta en los dos pies, el libro, la esquina. Encuentra mi mirada  y ríe. Vamos de vuelta,  hasta que, cansadas, vamos, sin prisa,  a comer una fruta.

III

TECNOLOGÍAS

A veces Liubi me recibe con el iphone de su madre en las manos.

Sabe exactamente dónde encontrar juegos, en dónde encontrar fotografías, cómo fotografiar y reproducir videos. Repite incesantemente algunas de sus  imágenes favoritas, las describe mil y un veces. Desliza los  dedos y  cierra opciones en la pantalla, abre juegos, cierra juegos, abre imágenes.  El video de un patio lleno de plantas y algunos pájaros yendo de una rama a otra  llama mucho su atención, lo repite, lo comenta en una de las  únicas palabras que son entendibles para mi: caiú!

Devuelve el aparato a su madre y como si nada,  vuelve a seguir coloreando y haciendo garabatos en una hoja de papel.

IV

LIBROS

Liubi juega la mirada entre las páginas de su libro favorito de historias.

Pregunta por la ubicación de algunos personajes como: la princesa, la rana, la bruja, el zapato. Tenemos  sonidos para cada una de estas imágenes.

A veces se sienta al lado mio  y comienza con su torrente de palabras de su propio y fluido idioma, mirando hacia las letras.  Y me da la impresión de que inventa  historias sobre las historias ya  impresas.

¿Qué historias en ese idioma secreto estarán siendo tejidas?

V

CONVERSACIÓN

Liubi, mirándome fijamente mientras termina de hacer un garabato me interroga:

-¿guchimadulafp gup?

La miro, sonrío y contesto

-¡nefquedicamofacowouruf!

Ella sonríe de nuevo y mueve las manos y prosigue:

-¡nao! ¡Esfufgufh!

A lo que yo respondo abriendo mucho los ojos:

-¿Gufh?

-¡Chibfht!-  dice ella con mucha seguridad, recarga su mano en mi hombro,  con la otra quita un mechón de cabellos de su frente- ¡pfugrandut!

Afirmo con la cabeza, ella mira hacia la esquina de la sala y dice:

-¿jugar?

Vamos entonces.


VI

MÚSICA

Llevé la jarana, canté mis sones, Liubi danzaba por  la sala. Cantar y danzar para ella son actos de un total abandono. Cierra los ojos, abre los brazos. Son sílabas subiendo y bajando escalas sonoras, eso y pura risa.

Después le presenté un clarinete, cuando supo que, para tocarlo  había que armarlo, armarlo y desarmarlo, una especio de ritual para el comienzo del goce de la música, Liubi comenzó  a hacer y deshacer con toda naturalidad. Yo soy, en esos casos, una extensión de su voluntad, ella coloca las piezas, yo las uno con la fuerza que ella aún no desarrolla en sus propias manos.

Tsasná (luz de luna)
Arma que te desarma
sol de los ojos verdes
iluminada manera
de soñar mientras se canta.

Arma que te desarma
con la luna de diez colores
idioma del agua y las flores
y cuerdas para volar.

Después llevé la guitarra: una fiesta para cantar y danzar y escuchar. Mientras experimento con acordes o canto algún recuerdo ella me mira, juega o canta. Cuando se cansa de solo observar busca la manera de sentarse encima de mis piernas, de mi pecho mientras yo, en el sofá reacomodo la guitarra. Toma la guitarra, o lo que de ella puede cargar, y rasguea, canta en ese idioma-riachuelo, se ríe y me mira, me reta.

-Si no me vas a dejar tocar entonces cántame algo- le reclamo con una sonrisa.  Y ella, después de un sonoro  ¡Nao!, responde y, después de mi segundo pedido para cantar, ella comienza, a veces con un hilito de voz, a veces con toda la fuerza de su pequeña garganta con melodías que la hacen mecerse de un lado para otro mientras rasguea las cuerdas del instrumento:

"Ausfwaa, sashucolumanáaaaaaaaaa desuuuuuuuuuuuuuuuu, uishináaaaaaaaaaaaaaaa

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