martes, 30 de abril de 2013

Asalto

 

Tijuca, atrás de la UERJ.


Media noche: Mariana y yo esperamos en un punto de autobús un transporte que nos lleve a casa. Demora. Hay un chico en el punto también. Esperamos. Pasada media hora más o menos pasan unos chicos, uno de ellos tiene una bicicleta, se detiene junto al chico que espera el autobús y me mira. Nos muestra algo parecido a un arma pero no se puede saber si lo es. Nos pide los celulares, solo los celulares. Llega otro chico, unos 16 años, le ayuda a recoger…los tres celulares que pidió, se sube a la bicicleta y ambos se pierden en la calle de atrás de la universidad.


Llega un amigo del chico que fue “asaltado “junto con nosotros, vive en la Mangueira, lamenta lo ocurrido y dice: en Copacabana estaba pasando la misma cosa y el dueño de uno de los bares pagó para que alguien matara a los chicos. Eso es lo que se tiene que hacer!, no hay forma pues siempre hay cientos de chicos, esas cucarachas, haciendo eso por la ciudad: robando, asaltando, violando, matando… salen de la favela, hay que defenderse. El chico, estudiante de universidad, negro, no ve ningún problema en acabar con esa plaga pagando un asesino a sueldo.


El otro chico, que estudia en la UERJ y que se dirigía a Lapa igual que nosotros defiende la idea, claro, lo que se tiene que hacer es eso: asesinar a esos hijos de puta que se dedican a asaltar, solo así aprenden y solo así la ciudad se puede defender.


Mi amiga y yo nos indignamos y yo le respondo que: así como hay cientos de chicos asaltando por la ciudad así hay varios chicos, idiotas, formados en universidad que creen que la solución es esa: la limpieza, el exterminio. Qué ciudad de contrastes, qué ciudad inhumana, que mundo inhumano este que no se detiene a pensar que el problema no es el asaltante, el problema es la estructura que nos coloca a todos, como piezas de ajedrez, a vivir unos en contra de otros mientras los verdaderos culpables deciden leyes, deciden venganza, deciden subirse el sueldo, viajar a lugares y de modos carísimos a costa de nuestro trabajo, a costa de nuestra ignorancia, a costa de nuestro odio.

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