Tijuca, atrás de la UERJ.
Media noche: Mariana y yo esperamos en un punto de
autobús un transporte que nos lleve a casa. Demora. Hay un chico en el punto
también. Esperamos. Pasada media hora más o menos pasan unos chicos, uno de
ellos tiene una bicicleta, se detiene junto al chico que espera el autobús y me
mira. Nos muestra algo parecido a un arma pero no se puede saber si lo es. Nos
pide los celulares, solo los celulares.
Llega otro chico, unos 16 años, le ayuda a recoger…los tres celulares que
pidió, se sube a la bicicleta y ambos se pierden en la calle de atrás de la
universidad.
Llega un amigo del chico que fue “asaltado “junto
con nosotros, vive en la Mangueira, lamenta lo ocurrido y dice: en Copacabana
estaba pasando la misma cosa y el dueño de uno de los bares pagó para que
alguien matara a los chicos. Eso es lo que se tiene que hacer!, no hay forma
pues siempre hay cientos de chicos, esas cucarachas, haciendo eso por la
ciudad: robando, asaltando, violando, matando… salen de la favela, hay que
defenderse. El chico, estudiante de universidad, negro, no ve ningún problema
en acabar con esa plaga pagando un asesino a sueldo.
El otro chico, que estudia en la UERJ y que se
dirigía a Lapa igual que nosotros defiende la idea, claro, lo que se tiene que
hacer es eso: asesinar a esos hijos de puta que se dedican a asaltar, solo así
aprenden y solo así la ciudad se puede defender.
Mi amiga y yo nos indignamos y yo le respondo que:
así como hay cientos de chicos asaltando por la ciudad así hay varios chicos,
idiotas, formados en universidad que creen que la solución es esa: la limpieza,
el exterminio. Qué ciudad de contrastes, qué ciudad inhumana, que mundo
inhumano este que no se detiene a pensar que el problema no es el asaltante, el
problema es la estructura que nos coloca a todos, como piezas de ajedrez, a
vivir unos en contra de otros mientras los verdaderos culpables deciden leyes,
deciden venganza, deciden subirse el sueldo, viajar a lugares y de modos
carísimos a costa de nuestro trabajo, a costa de nuestra ignorancia, a costa de
nuestro odio.
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