viernes, 21 de junio de 2013

El extraño camino de las hormigas

 

Río de Janeiro, Brasil
Lapa
5:30 am


Quería tener más elementos para analizar todo esto.

Pero soy una latinoamericana, una mexicana. Una consumidora de clase media tirando para la austeridad; por lo demás, humana en tiempos de economías de mercado con causas y azares entrelazadas para ser viajera.

Los principales referentes de información sobre el día a día son extraídos del time line del Facebook y el Facebook se alimenta con mi propia información…no hay como, es uno de los mejores ejemplos de nuestra obligada inserción al sistema económico imperante y al mismo tiempo he asistido, por cuestiones de sobrevivencia en tiempos de “guerra contra el narcotráfico”, a la transformación de este bicho maquiavélico, en una herramienta poderosa de información y resistencia.

Y dependo de que mi internet funcione con una “razonable” velocidad.

Vengo de 3 experiencias, que, la verdad, son muchas dentro, y que me alcanzaron así… como experiencia: Madrid con sus indignados, una Plaza del Sol linda de ver en 2011, con, según los medios, 25, 000 personas gritándolo todo y con la crisis empezando a explotar. Frases completamente caóticas eran colocadas en todas las paredes: “no al botellón” (botellón en Madrid es beber en la calle), “no a la violencia contra las mujeres”, “no a la comida transgénica” “adopta un perro”, “ no a los políticos corruptos” , no no, no y más nos, miles de nos. Era una sociedad semi adormecida que no sabía bien que era pero que sentía una profunda incomodidad y había decidido tomar la calle para gritarlo, una sociedad que sentía un nudo colectivo en la garganta, respirar estaba siendo imposible. A partir de esa indignación, las personas se juntaban en las plazas a hablar, en pequeñas ruedas. Era bonito de experimentar con todos los sentidos: jóvenes, viejos, amas de casa, tod@s hablándolo todo, compartiendo y encontrándose, haciendo acuerdos por primera vez en mucho tiempo. Mi gran crítica en aquellos momentos era qué tan inclusiva era una revolución sin integrar a la otra diversidad en España, esos otros que también tenían historias,graves historias que compartir, los excluidos: migrantes africanos, de Medio Oriente, latinoamericanos (los sudacas, los sudacas de mierda).

Cuando me fui de Madrid, los consejos de barrio estaban organizandose, la ardua tarea de construir otro concepto de ciudadanía, de colocar reivindicaciones, de manifestarse como vivos. La lucha continua y yo continué con mi vida.

Llegué a mi México y por cuestiones de ese destino (la vida, esa cabrona), escogí el sur de mi continente así es que solo me quedé los meses necesarios para trabajar, encontrar con mis personas queridas y para experimentar un país en luto, mi Estado en luto, mi cuidad en luto.
Empecé a vivenciar a mi país con la mirada del que se va… antes de partir acompañé con muchas ganas de llorar y sintiendo al Movimiento por la paz por justicia dignidad cuando estuvieron en la Plaza Lerdo, en Xalapa, Veracruz. Mexicanos nombrando a sus muertos, a sus desaparecidos. Memoria viva, una tristeza infinita, una indignación que pulsa en las víceras hasta hoy. Después fui acompañando a la distancia a
#yosoy132 como movimiento de reacción y al mismo tiempo sintiendo, en mi humanidad completamente adolorida por esos días, a mi país como un gran secuestrado- amordazado de la narco política y sus efectos, que es más allá que eso, que es otra cosa, un signo de ese fantasma que asola el mundo entero, ese espíritu que carcome nuestra ¿inocente? buena voluntad mediatizada: la economía de mercado, la globalización, como quieran llamarle. Una lógica asesina, sanguinaria que no se tienta nada, para la cual nos dividimos en servibles…inservibles. Mucho más sanguinaria que un Auschwitz y avalado hasta por el Papa en turno, cualquiera que sea, aunque no sea Maradona.

Ahora Brasil, en mi trinchera, en mi rincón carioca, en pleno centro de la ciudad.

El lunes decidí ir a la manifestación en calidad de acompañante de ese proceso que encuentro importantísimo, como consideré importantísimo todos los demás procesos. No acompañé a Turquía, obviamente, pero por cuestiones de convivencia cotidiana con una chica de allá, vamos entendiendo que el lenguaje es el mismo con sus singularidades culturales.
Como decía, decidí acompañar el proceso de la manifestación el lunes porque necesitaba saber por los sentidos, qué significaba ese levantamiento, esa energía venida de los ciudadanos comunes, que los impelía a dejar sus casas, seguir en las redes sociales y salir a la calle.
Solo que nunca antes había experimentado una sensación tan extraña.

Caminando hacia la Candelaria iba intentando escuchar las conversaciones de los transeúntes, quien venía del Saara, un mercadillo cercano, al ver tres helicópteros alrededor del lugar donde la multitud se iba juntando decían
-No, yo no voy allá, qué miedo.
Y seguían su trayecto, de vuelta a casa. Yo hasta dudé, pero seguí andando.
Llegué a la esquina de Presidente Vargas con Río Branco, la primera imagen fue bizarra: un chico vestido “de oficina” tomándose una foto en el celular frente a la manifestación al más puro estilo ”ahí pal’ Facebook”.

Me quedé en la esquina viendo la manifestación y avancé con ella, los letreros más bonitos pidiendo educación, salud, derecho a moradía y principalmente lo que los convocaba: bajar el pasaje de autobús.

Fui acompañando y caminando, tenía miedo de lo que había pasado un día antes, la policía lanzando gas lacrimógeno para todo mundo, golpeando, violentando en la Quinta de Boa vista.

Esta vez, ese lunes 17 de junio, todo estaba en calma. Los manifestantes, por miles, pedían respeto a los que subían en los postes, música sonando. Empecé a experimentar, paradójicamente, una sensación de angustia, todo estaba demasiado en calma. Hasta el helicóptero arriba de nosotros, completamente detenido en el aire, un silencio allá arriba, una especie de ave de rapiña esperando, estaba en calma. (Las fotos después de las 10 de la noche en el fb eran lindas, miles de luces en un río humano en toda la avenida, la noticia circuló por el mundo. Ahí fue cuando amigos de varias partes del mundo comenzaron a preguntarme qué estaba pasando aquí).
En fin, llegué con ell@s hasta Cinelândia y, aunque el ánimo festivo y pacífico era el que imperaba, había unos chicos con el rostro cubierto subidos en algunas ventanas de casas y en lo bajo de algunos edificios, algunos subían postes de semáforo o de luz. Su mirada me iba dejando muy intranquila. Algunos portaban carteles: “si tu hijo se enferma, llévalo al estadio”, y así. Algunos de esos chicos, con los rostros cubiertos, gafiteaban o intentaban grafitear. El mar de gente, cuando se daba cuenta de algún tipo de acción que no iba con el tono general pedía paz y respeto.

Había de todo, y el panorama me pareció bastante reconocible a lo que ví en Madrid: personas que en su vida habían decidido salir a protestar, jóvenes y adultos, los que a veces (y por una lamentable y considerable número) que la estructura a colocado como “los que olvidan” pero también estaban ahí los jóvenes y adultos críticos, los anarcos, los estudiantes, los favelados, las amas de casa, los oficinistas, los cirqueros, los teatreros, los comunicadores populares, los adultos mayores sobrevivientes de la dictadura; también había medios de comunicación independiente, migrantes, artistas unidos y armados solo con sus instrumentos , movimiento LGBT, la Globo sin mostrar sus logos porque había sido abucheada repetidas ocasiones, partidos de izquierda. Solo que esta vez, la multitud no se reunían en círculos en ningún parque, en ninguna plaza.

En uno de los contingentes, las banderas de un partido de izquierda. De un momento a otro la multitud comenzó a gritar un “sem partido” e um “PSTU vai tomar no cú”
Ahí me preocupó porque…al final… ¿las reivindicaciones sociales se hacen por medio de qué mismo? La falta de memoria de esa masa enorme hizo más patente mi incomodidad.

En fin, que comenzó a faltarme el aire. El helicóptero silencioso e inmóvil encima de la multitud; los chicos del rostro cubierto, el ánimo carnavalezco...¿ ya dije que el helicóptero estaba silencioso, inmóvil y encima de la multitud?

Regresé a casa, ahí supe, por diferentes videos lo que pasó en la Alerj. Al día siguiente la Globo y la Folha de São Paulo ( en la historia de los medios brasileiros, estos siempre fueron aliados de la dictadura y la clase empresarial) daban mensajes que yo sentí como esquizofrénicos…por un lado mostrando solo la parte vandálica del asunto, por otro diciendo que estudiantes y trabajadores estuvieron en la marcha, se sentía un claro apoyo hacia los manifestantes. Otros periódicos mostraban las noticias sobre el pastor Marcos Feliciano, el evangélico que sigue en la presidencia del consejo de Derechos humanos (una vergüenza racista, homofóbico, amigo de violadores y machista) que acababa de hacer otra de sus gracias en el consejo, el periódico decía: ves que no es solo por 20 centavos ?

Ahí pensé: mira nada más, los medios comerciales están convocando a seguir las marchas…que …extraño…
Paradójicamente, durante la noche del martes y durante el miércoles, El fb y el internet ha estado estuvo colapsando.

Hoy, jueves 20 de junio, me dediqué a mis cosas y ya por las 9 de la noche regresé de estar en la zona norte de la ciudad, sabía que iba a haber otra manifestación pero yo solo quería llegar a mi casa. El pasaje de autobús bajó, miren qué maravilla, esos 20 centavos que ya era la gota que había derramado el vaso desde el principio. Muy triste, el gobernador de Rio ha dicho que tendrá que tomar “de otros lugares” el dinero que esta muchedumbre no ha querido pagar…qué inconscientes que son, pobres empresarios, pobre Estado, cualquier Estado no puede asegurar los derechos básicos porque la muchedumbre sin noción, esa vandálica, no ha querido acatar el último decreto: no comer para pagar transporte (léase esto con el mejor tono de ironía que puedan imaginar).

En fin, que sabía que habría otra manifestación y sabía por las noticias que iban llegando, que la cosa estaba comenzando a ponerse más complicada que esa marcha linda del lunes. Unos amigos me dieron una “carona” (ride) hasta Catete, ahí esperé en una parada de autobús una media hora…los autobuses pasaban y solo decían que “o bicho ta pegando na Lapa” (o sea que el desmadre estaba bueno, que había violencia en el barrio donde vivo, Lapa, en el Centro) y se negaban a llevarme, lo mismo los taxis, los choferes con cara de espanto…ahí me preocupé más.

Decidí caminar hasta mi casa, no me quedaba de otra y además, frente a la parada de autobús unos PMs había llegado gritando y mostrando armas para detener a unos chicos que estaba por ahí, tal vez volviendo de la manifestación. Conforme iba avanzando veía montones de escombro incendiados en las calles, puertas de establecimientos quebradas, mucha gente en la calle. Les pregunté a dos chicas que qué había pasado, ellas contestaron: “eles estão indo e vindo” (ellos están llendo y viniendo) yo pregunté que quienes, ellas respondieron: a PM (policía militar).
Les desee suerte y que se cuidaran, seguí avanzando con más cautela.

Llegué a los arcos de Lapa, la misma escena. Bares cerrados o entrecerrados pero mucha gente en la calle. Los ojos y la nariz me picaban. Residuo de gas pimienta-pensé.
Cuando llegué a la calle de Gomez Freire, frente a la conocida “casa da cachaça” había muchos chicos bebiendo ahí. Un carro de la PM pasó y todo mundo abucheó, gritaban: “vergonha!”(vergüenza), el carro paró en el semáforo en alto, los chicos y chicas continuaron gritando, unos mostrando los brazos abiertos a la gente de la camioneta. De pronto la camioneta con todos sus policías armados dio la reversa. Ahí seguí caminando con calma pero con un poco más de velocidad, no iba adelantar mucho salir corriendo como desquiciada, aunque estaba comenzando a sentirme más nerviosa. Una travesti que estaba por ahí me contó que un helicóptero había lanzado una bomba (¿o unas bombas?) en plena calle. Lapa era una zona de guerra.
Una cuadra más allá escuché el estallido, sabía que podía ser una bomba lacrimógena de esas que les encanta tirar. Avancé, avancé, llegué a casa.
¿Qué fue lo que pasó? Aun trato de reconstruirlo. Unos decían varios movimientos de izquierda fueron agredidos por mostrar sus banderas, otros, que los “vándalos” (si, asi los llaman los medios comerciales) destruyeron e hicieron desmanes (cualquier parecido con 1 de diciembre mexicano es pura coincidencia). Lo que sé es que la policía, esa linda policía que no hizo nada el lunes (¿hablé del helicóptero silencioso encima de todo mundo?) esta vez sí se fue encima de todo mundo, manifestante o no. Vienen y van noticias de amigos y estudiantes y más cariocas y cariocas que fueron golpeados, acorralados por la PM, autobuses que fueron detenidos para ser revisados; también vienen noticias confirmadas y gravísimas de grupos que se identifican con banderas de luchas específicas de la izquierda que están siendo golpeados por grupos organizados entre los manifestantes. Ciudadanos de algunas favelas decidieron ejercer su legítimo derecho a manifestarse al grito de “i fodeu, a favela ja deceu” (ya se jodió, la favela bajó) y lo único que ganaron fue el rechazo y el alejamiento de la multitud que iba junto a ellos, reaccionarios. En algunos espacios y aprovechando la multitud había algunos ladrones, niños o jóvenes. Cuando algunas personas de aquella multitud los conseguía prender, la furia de aquella masa, aquella misma masa llena de buenas intenciones sobre la democracia, se tornaba en un “mata ele, ladrão, bandido negro”.

La energía estuvo desbocada, los ataques dirigidos, los medios oficiales sospechosamente de acuerdo. La cuestión, creo, es más delicada que un no tan simple: fora Dilma! Pensemos en todos los intereses que están alrededor de esta joya de la corona que es Brasil. Todo es muy complejo, mucho más complejo de lo que ya es en la lectura sobre las distintas indignaciones que gritan en los diferentes cantos del mundo. Las conquistas de hace unos años deben mantener su peso histórico. En fin, est@s irmãos e irmãs brasileir@s, como todos nosotros, latinoamericanos, tampoco la tienen fácil. La venda se cayó.

Quería tener más elementos para analizar todo esto
Pero soy una latinoamericana, una mexicana, una consumidora de clase media tirando para la austeridad; por lo demás, humana en tiempos de economías de mercado con causas y azares entrelazadas para ser viajera.
Los principales referentes de información sobre el día a día son extraídos del time line del Facebook y el Facebook se alimenta con mi propia información…

Escribo esto dando casi las 6 de la mañana con el ruido de los helicópteros comenzando su ronda diaria, como ya lo hacen desde hace varios días. Lo siento, quisiera traducirlo al portuñol, pero por hoy pido esa licencia.
P.D. si consiguen leer hasta aquí…meus parabens

No hay comentarios:

Publicar un comentario